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La historia y el entorno son la inspiración de la arquitectura.

La academia ha sido el escenario principal en el que Marcos Cortés ha desarrollado su trabajo arquitectónico. Desde la Escuela de Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia, nos cuenta sobre el trabajo y la inspiración en este oficio.

La arquitectura tiene una función social. Una de sus misiones es proyectar los espacios donde se pueda desarrollar la vida de manera individual y colectiva. Además, tiene un componente estético que la acerca a las bellas artes. Lo común y lo bello son dos de las características que hacen de esta, una labor técnica y artística. ¿Cómo nacen las ideas de los profesionales en la arquitectura?

En la academia se forma a los futuros arquitectos para que puedan responder esta pregunta y encontrar la guía de su trabajo. Marco Cortés, arquitecto, especialista en vivienda, magíster en urbanismo y docente de arquitectura, nos da unas bases sobre esta cuestión.

¿De dónde nace la inspiración en la arquitectura?

“Los arquitectos en nuestra formación vemos teoría e historia de la arquitectura y del arte, es decir, vamos adquiriendo un bagaje teórico histórico para dar con esa respuesta. Por ejemplo, la vivienda lleva más de 6.500 años sobre la tierra. Existe toda una experiencia que los arquitectos necesitamos conocer y estudiar. En ese sentido, no es lo mismo los iglús en el Polo Norte que la maloca en la selva amazónica. La geografía misma va dando pistas. Solo que estos elementos teóricos y conceptuales hay que interpretarlos de manera contemporánea. ¿Cómo se resuelve en el día de hoy con los elementos que tenemos? Por otro lado, el aeropuerto o las terminales de tren son edificios relativamente jóvenes. Debemos estudiar cómo son esos edificios para responder. Así mismo, sucede con las iglesias. Existe toda una experiencia desde cada creencia”.

La integración del entorno al concepto arquitectónico es parte clave del trabajo del arquitecto Marco Cortés. Fotos: cortesía

¿Entonces podemos decir que una de las inspiraciones de la arquitectura es la historia y la tradición?

“Sí, la historia es importantísima para los arquitectos, por ejemplo el arquitecto Rogelio Salmona, siempre está hablando de la historia y de lo que él vio en la historia y cómo lo tradujo a términos contemporáneos.

Es importante que los arquitectos conozcamos y dominemos la historia, porque allí hay una gran experiencia que nos va indicando cómo hay que actuar, solo que esas respuestas en particular hay que traducirlas. Nuestra labor se encuentra en reelaborar constantemente el asunto, ir a las fuentes, a la originalidad”.

Además de una inspiración, la arquitectura también es un proceso, ¿cómo es el proceso creativo de un profesional en arquitectura?

“Los arquitectos nos parecemos de alguna manera a los médicos. El arquitecto tiene que ir y conocer el medio. Por ejemplo, empaparse del calor del mar Caribe, si tiene que actuar en Barranquilla o empaparse del frío que hace en Tunja, y conocer el lugar donde va a actuar. Hablar constantemente con la persona o con la entidad a la cual le va a hacer el proyecto. Mirar la normativa y códigos de construcción. Al final, relacionar los elementos para que la estructura arquitectónica que produzca tenga estas combinaciones, es decir, resuelva los problemas que le está planteando la persona o la entidad que lo está contratando, tiene que empaparse de esos problemas. Esto significa que tiene que reconocer un problema, hacer un diagnóstico y dar una solución.

Nosotros los arquitectos también nos parecemos a los bomberos. Los bomberos no escogen el incendio pequeño, mediano o grande, el que salga, para eso hemos sido preparados”.

En la arquitectura hay unas grandes obras, ¿en qué se inspiraron sus creadores?

“Volvamos de nuevo al tema del iglú. El iglú se construye con los materiales que existen en los polos, que es el hielo. Los habitantes de esta región del planeta trabajaron con lo que les ofrecía su medio. En el caso de la maloca amazónica, se construye con los palos, las palmas y los bejucos que hay en ese lugar. Eso es lo que hacen las arquitecturas tradicionales. Lo otro que también hacen esas arquitecturas ancestrales es hacer referencia a lo simbólico, a sus dioses, sus espíritus, creencias. Incluso esa orientación con el firmamento, con el Sol, la Luna, las estrellas. Solo que en términos contemporáneos como la sociedad se ha vuelto más laica, se van quedando atrás las referencias sagradas y se buscan otras”.

Y desde un punto de vista más clásico, ¿en qué se inspiraron o cómo fue ese proceso?

“Antoni Gaudí, por ejemplo, como arquitecto era un ser místico y un católico ferviente, incluso se comenta que Gaudí vivía prácticamente en la obra. Siempre estaba haciendo laboratorio con todos los elementos, pero tratando de rescatar el sentido de lo sacro, de lo sagrado que es lo que finalmente se ve en esta escala de lo monumental, en la Sagrada Familia de Barcelona. Entonces insisto, nosotros los arquitectos tenemos que leer e interpretar todos estos elementos de lo que se llama clásico.

Hay un bagaje en la arquitectura que hay que reinterpretar de manera constante. Por supuesto que estos grandes edificios son referentes, pero la pregunta es cómo hacemos para llevarlos a términos contemporáneos y que tengan las respuestas particulares que se requieren”.

En las obras sin importar su clase, siempre hay una parte de creatividad y hay una parte de trabajo. ¿En el caso de la arquitectura, qué tanto hay de creatividad y qué tanto hay de trabajo?

“Rogelio Salmona decía que 98 % de trabajo y un 2 % de inspiración. Nuestro trabajo es un trabajo de la incertidumbre. Yo puedo conocer las teorías de la arquitectura y conocer la historia, pero no es lo mismo un lote y un proyecto en Barranquilla que un lote y un proyecto en Tunja.  Hay que trabajar constantemente, con un diagnóstico, con un problema y con la interpretación de la norma. Esto nos va a permitir finalmente dar la respuesta.

Nosotros los arquitectos, desde mi punto de vista, somos más técnicos que artistas porque el objeto arquitectónico cumple una función, es útil a la sociedad. No digo que la pintura o el diseño gráfico no lo sean, pero la arquitectura por principio tiene que ser útil. Uno vive dentro de la arquitectura, desde que nace hasta que muera siempre está en la arquitectura. El objeto que hacemos tiene que ser útil y bello”.

La arquitectura también es un trabajo colaborativo, ¿cómo se desarrolla la inspiración cuando se trabaja en conjunto?

“El arquitecto debe conocer el contexto económico, social, los gustos, edades y todo el entorno en el que el individuo, la familia o las personas que desean desarrollar una edificación. Si vamos a diseñar un colegio para el Estado debemos ir a ver el barrio, conocer el método pedagógico, los estándares de la secretaría de educación. Además de coordinar con ingenieros estructurales, eléctricos, acústicos, de presupuesto, de programación, de suelos y otros. El arquitecto diseña y coordina con todas las áreas del conocimiento porque las edificaciones son seres relativamente complejos y dependen de distintos saberes”.

Como dice usted la arquitectura se encuentra en lugares cotidianos, pero crear algo sencillo suele ser complejo. ¿Cómo crear en estos lugares tan comunes?

“La experiencia es clave para eso porque permite ver las situaciones que se resuelven y las potencialidades de hacer otras. Además, es un elemento determinante porque es muy diferente tener un proyecto sobre planos a cuando está construido o cuando las personas lo habitan.

Siempre hay un constante aprendizaje y lo ideal sería volver a mirar el edificio constantemente para ver en lo que se acertó o reconocer los errores. Hay que releer las edificaciones para encontrar las respuestas que muestren cómo mejorar o crear”.

En definitiva, ¿qué busca la arquitectura y por medio de qué lo obtiene?

“La arquitectura busca que los seres humanos seamos felices, que vivamos tranquilos. Debemos buscar un equilibro con los diferentes elementos de la naturaleza, esto se nos olvida mucho. El mundo tiene un equilibro y se debe respetar”.

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