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La arquitectura debe ser polivalente

Espacios que permitan la reflexión desde su ideación y vivencia. Mario Camargo, fundador del colectivo 720, nos cuenta sobre su trabajo y su visión de la arquitectura.

Del código de clasificación decimal en la red de bibliotecas en el mundo, 720, surgió el nombre del taller de arquitectura. Una firma que fundaron en 2011 los arquitectos Luis Tombé, egresado de la Universidad del Valle, magíster en arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia y Mario Camargo, egresado y docente de la Universidad del Valle y la Javeriana de Cali. Su idea era formar un taller que funcionara a manera de colectivo, en el que no hubiera un espacio jerarquizado, sino un lugar en el que se pudiera discutir y reflexionar acerca de lo que estaban haciendo.

En un principio encontraron en los concursos públicos de arquitectura una forma de operar en territorio. Esto los ha llevado a desarrollar proyectos estratégicos en ciudades como Bogotá, Medellín y Cali, entre los que sobresalen la Cinemateca Distrital y la UVA La Imaginación.

Ustedes se han destacado en el sector educativo con la construcción de jardines infantiles, colegios y hasta laboratorios de universitarios en los que resaltan la contribución de la arquitectura al intercambio de saberes. ¿Cómo plasman esto en sus trabajos?

“En la Cinemateca Distrital de Bogotá una de las grandes estrategias que planteamos fue entender que el equipamiento no era pensado para cine comercial, sino que era precisamente un centro cultural para la promoción de las artes fílmicas. Entonces el aforo lateral y la sala principal las hicimos del mismo tamaño, pensando en esas reuniones después de las películas que promueven el intercambio de saberes. Además hay muchos espacios tipo hall, que permiten la creación de pequeñas comunidades de aprendizaje.
Esto va muy ligado a los nuevos modelos de aprendizaje del siglo XXI, que también desarrollamos en el Colegio Pradera El Volcán. Uno de los puntos para los modelos de aprendizajes es precisamente la circulación como un propiciador de intercambio de conocimientos. Las personas aprenden más en las zonas donde pueden interactuar que en el aula de clase. Entonces difuminamos un poco los bordes de los salones con la posibilidad de generar polivalencias”.

Cinemateca Distrital de Bogotá. En la parte de atrás los cerros Monserrate y Guadalupe. FOTO: cortesía.

En esa polivalencia también se encuentran varios proyectos en los que hay reutilización de los espacios, ¿cómo abordan el tema de la reinterpretación y reconstrucción? “En el desarrollo, por ejemplo, de la UVA La Imaginación, el proyecto venía ligado a esa idea. Nosotros, cuando se lanzó el concurso, reinterpretamos las necesidades y objetivos que se planteaban, por lo que desarrollamos un equipamiento justo en el ejercicio de toda la infraestructura, sin afectar su operatividad. Generamos unos bordes más amigables con el peatón, jugamos con las sombras y pensamos en el clima de Medellín para crear una relación muy mimética, de simetrías y curvas que abrazaran la geometría de los tanques de agua. Hicimos de la cubierta una extensión del espacio público, por lo que el lugar que antes era un símbolo de una estructura cerrada, hoy es reconocido como una infraestructura abierta”.

Uva La Imaginación, ubicado en la comuna 8 de Medellín. FOTO: Cortesía.

Todos estos proyectos han implicado un trabajo con la comunidad, ¿cómo logran ese diálogo para llegar a un punto en común y que ellas se beneficien?

“Sensibilidad, entender lo que realmente necesitan. Socializar muy bien y saber escuchar. Evidentemente hay comunidades más receptivas que otras y algunas que suponen probablemente algunos otros afanes, pero es necesario escuchar”.

¿Qué proyecto le viene a la mente cuando habla de sensibilidad?
“El Parque Educativo San Francisco, o Parque Huellas, fue una de las primeras aproximaciones directas y efectivas que tuvimos con la comunidad. Hubo una sinergia muy interesante entre lo que ellos querían y lo que nosotros estábamos proyectando. Esto permitió que el proyecto avanzara sumamente rápido. En un principio definimos la tipología de manera coordinada con ellos e hicimos match inmediatamente. Teníamos que ser muy sensibles y atentos a lo que nos estaban demandando. También era un proceso de explicación, en la que debíamos ubicarlos espacialmente y mostrarles que lo que estaban pidiendo sí estaba contenido en el proyecto. Entonces era saber plantearles la estrategia a través de la arquitectura”.

Parque Educativo San Francisco o Parque Huellas, en San Frascico, Antioquia. FOTO: cortesía.

¿Cómo han integrado a la arquitectura la topografía tan compleja de nuestro país?

“Hay muchas estrategias. El Parque Huellas, por ejemplo, se acuesta sobre la topografía de forma literal. Hay otras en las que se puede acoplar una morfología predial a una topografía. Por ejemplo, se pueden reinterpretar esquemas como en el caso de la Cinemateca Distrital, que hace alusión a los cerros Monserrate y Guadalupe, porque justo el proyecto está en la intersección de los dos cuerpos montañosos, lo que queda en la memoria.

Por ello creamos productos sensibles al paisaje. Esto lo entendemos en su sentido más amplio. En el entorno urbano hay uno que se compone de edificios, por lo que se debe saber leer con sus condiciones tipológicas y su trama. Ahí empiezan a salir las estrategias, pero siempre sensibles a esas condiciones morfológicas y topográficas que tenemos que atender y que nuestra arquitectura va a estar pensada para darle respuestas a eso”.

Luego de más de 10 años en el sector ¿cuáles son esos aprendizajes que más rescatan?

“La arquitectura para ser materializada lleva consigo todo un proceso que culmina en un hecho físico. Pero para poder hacerlo se necesitan otros profesionales, el ingeniero estructural, eléctrico, sanitario, entre otras. En muchos proyectos nos han acompañado maestros, psicopedagogos, curadores de arte. En otros tuvimos la oportunidad de involucrarnos con la Escuela de Psicología de la Universidad del Valle.

Hay toda una sinergia multidisciplinar que genera aprendizajes adicionales. Cada vez que se hace un proyecto en otra ciudad, se aprende también de ella: su contexto, sus sitios, referencias, calles, cultura y clima. Hoy se entiende que el valor de poder materializar proyectos es lo que le permite madurar a un arquitecto”.

Como colectivo están ustedes dos como a la cabeza, pero el taller involucra otras personas, ¿cómo es el proceso creativo?

“Depende la tipología del proyecto y la sensibilidad que se tenga en particular lo abordamos de distintas maneras. Hay momentos en los que mi socio se siente más cómodo para hacer el primer abordaje, o lo hago yo, o ambos a través de dibujos, de conversaciones, textos, conceptos, ideas al aire. Realmente el hecho de haber trabajado en colectivo todos estos años, incluso asociado con otras oficinas, nos han permitido ser más amplios en la mirada.  No nos quedamos con una sola metodología. Trabajamos a nuestro ritmo y a nuestros tiempos. Y eso hace que se enriquezcan los proyectos, entre más tiempo, va a ser mucho mejor el resultado.

Desafortunadamente nuestro ámbito, sobre todo el comercial y el público, va a unos ritmos muy acelerados que hacen que uno tenga que ir muy rápido. Hay formas de atacar esa condición, pero sí debería haber más tiempo y espacios para darle valor al diseño. Esa es la estrategia, no nos condicionamos a una sola forma de abordar las cosas, lo hemos hecho de distintas maneras”.

¿Cuáles son esos conceptos claves que hay en sus trabajos y son esenciales para el futuro de la profesión?

“Siempre hablamos del espacio comprendido entre los límites reales e imaginarios. De esa manera podemos garantizar que los proyectos sean adaptables o adecuados para el entorno que estamos construyendo. Entonces debemos pensar en la polivalencia. Este es un concepto muy latinoamericano, de hecho, tiene que ver mucho con las restricciones que tenemos en términos económicos. En los colegios hoy en día se diseñan los comedores escolares para que también funcionen como teatro, porque tener uno cuesta más de $300 millones, y para usarlo en una sola franja horaria o una sola vez a la semana no tiene tanto sentido.  Ese es un concepto que nosotros creemos que sigue vigente y es pertinente, no solo el contexto latinoamericano, sino que se ve en proyectos más europeos.

La sostenibilidad suena como el término acuñado. Todo lo hacemos sustentable. Pero, ¿qué es sostenibilidad? ¿Cómo pensamos en la sostenibilidad? Tiene que ser reflexionada en el sentido profundo del término. La sostenibilidad económica, ambiental, escultural. Pensar más allá e interiorizarlo a la concepción misma del diseño y de la arquitectura”.

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